miércoles, 1 de julio de 2015

A López Velarde (a manera de homenaje)

I
Esto es Ramón, lo que tú no tocabas,
lo que tú no escuchaste, lo que tú no soñabas.
Esto que ven mis ojos en vilo de esperanza.
Esto que todos vemos, pero que nadie alcanza.

La Patria "superficie de maíz
con sus pasos ligeros de perdiz".
Realidad y revuelo de emociones
y cánticos de niños corazones.

II
Porque la Patria vive eternamente
se renueva a dario en la naciente
carne del niño chico que la llena
de esperanza, de amor y de luz buena.

III
Siempre nos sobreviven las ilusión y el deseo,
y tú siendo católico y yo siendo ahora ateo
estamos en la misma encrucijada;
en esta misma hora alucinada
de este "cielo nupcial que cuando truena
de deleites frenéticos nos llena".

IV
La Patria sigue siendo, al sol de cada día,
un revuelo perenne de poesía.
Cierto que está cambiando percales y abalorios
por hambre de justicia su antigüo y mutilado territorio;
pues ya no se conforma, "al hambre del obús",
con comer sólo higos de aquellos que le daba Felipe de Jesús
y tampoco la Patria quiere ya
vivir tan sólo al día
y de la lotería;
porque la Patria aspira a otro cantar.

V
Su tiempo ya no es tiempo para jugueterías,
para ver cómo pasan lo trenes por las vías.
Que "al triste y al feliz no le dice que sí",
y su lengua repite: "Todos prueben de mí, 
mas no sólo unos pocos porque sí".

VI
La patria ya no quiere ser igual,
y su espejo diario y su dedal
y el hilo del rosario y todo aquello
que tenía paciencia de camello
lo trata de cambiar, de darle un giro
que no se quede en sueño y en suspiro.

VII
La Patria ya no quiere "pupilas de abondono",
sino vivir despierta y a otro tono:
al tono de la vida y al ritmo renaciente
donde el lago de pronto se hace fuente
contra la indiferencia y el olvido
del pulque y el mal sueño ensombrecido
por la inútil desgana "del reloj de la vela"
y la hora de ocio que revuela
rodando los palomos colipavos
mientras caen las campanas cual centavos.

VIII
Ya nada cae del cielo, y la Patria lo sabe.
Sabe la Patria, amigo, que vivir como el ave,
confiando en el grano de los campos ajenos, 
es antipatria y pan oscuro de centeno.
Buen amigo, la Patria no puede permitir que se la                                                                    envuelva
"ni en la más honda música de selva".
Pide que se la sude día a día hasta la cintura
para crecer y ser como el diamante, dura,
y, al igual que el diamante, ser victoriosa y bella
para alumbrarlo todo como una hermosa estrella
y entregarse a sus hijos entregados
a su luz y a su tierra enamorados.

La Patria, buen amigo, es cosa seria
que no quiere vivir al son de la miseria.
Y esto es no más amigo, lo que tú no tocabas,
lo que tú no escuchaste, lo que tú no soñabas.

1971
Juan Cervera




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO



Ramón López Velarde y las flores

La presencia de las flores en la poesía de López Velarde es una constante. Desde los primeros versos del bardo jerezano se advierte "la visión de los jardines", "el chorro de la fuente" y, por ende, "la blancura de los azahares y nardos".
Cuerpo de nardo dice que es el de su amada y a Cristo lo llama "celeste jardinero".  
Hay en el autor de “La Suave Patria” un gusto voluptuoso por las flores. En “Tu voz profética” canta:

Y nuestro dulce noviazgo
será, Fuensanta, una flor
con un pétalo de enigma
y otro pétalo de amor.

En “Tus ventanas”, esas ventanas que miran al oriente, hay “pájaros y flores”.
En la floral provincia, tan fielmente reflejada en su poesía, tan universal, y siendo a su vez tan entrañablemente provinciana.
López Velarde “y la desmayada ofrenda del perfume/de rosas y claveles”.
Hay, en su visión del mundo, una emoción colorida y floral.
Los rosas de su Jerez natal se advierten en sus versos, en esos versos “a la luz del plenilunio” donde mueren las flores y también renacen en la “complicidad del infortunio,/en el rosal de la vida.”
Mundo de “pupilas llorosas” y “pétalos de esperanza”. Universo de “quimeras y rosas”.
Cantos de primavera en “que florea la eclesiástica unción de la cuaresma”, la intensidad del cielo y la tierra vestida de rosas. Y cabría preguntarse si la rosa es la flor principal en la poesía de López Velarde. Es posible, pero ahí en sus sonoros versos hay también “ramos de claveles” y, con los Viernes de Dolores, “cuando se anuncian ya las flores,” “el altar huele a lirios” y, con las flores, aparecen “las místicas naranjas”.
Bella, muy bella la catolicidad poética de Ramón López Velarde.
Cuanta sensualidad, cuanta poesía vegetal y perfumada en sus versos, escritos para leerse y decirse con deleitación. El poeta nos recuerda que “la corona de espinas, es suave rosa/ que perfuma la frente del amado”.
La insistencia en la rosa es una musical y colorida evidencia en la poesía estremecedora de López Velarde.
No faltan en esta poesía los “jardines soñolientos”, aunque vuelve una y otra vez a “los tiestos florecidos” y, en los tiestos, rosas. Sí, rosas “para ornar la frente de la amada” y muchachas, esas lindas muchachas que se llaman Rosa.
También preguntas que terminan en rosas, como ésta:
“¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieronpara mí, desde un marco de verdor y de rosas?”
Rosas de Zacatecas con la infancia y la adolescencia al fondo. Rosas… y “macetas de claveles”. “Los claveles de una maceta” y “un lúbrico lazo de claveles/ lanzados a cada virginal cintura”.
Se mueve López Velarde entre rosas y claveles, aunque confiesa:
“A medida que vivo ignoro más las cosas:no sé ni porqué encantan las hembras y las rosas.”
Pocas veces hallamos en su poesía las violetas, que él califica de pobres:
“Oculta en pobres hojas de violetas”.Y advertimos otras flores:“Las flores policromasque engalanan los clásicos mantonesde Manila…”
Junto con los adornos de rosas artificiales y pétalos de flores no nombradas.
Y vuelve y vuelve a insistir en “la rosa intacta” y “en la rosa perenne:
“Y pensar que extraviamosla senda milagrosaen que se hubiera abiertonuestra ilusión, como perenne rosa.”
¿Cómo no aspirar a la rosa perenne? Todos aspiramos a lo perenne ante el drama del tránsito inevitable de la vida y las flores.
De súbito nos encontramos en López Velarde con “la flor del paraíso”, esa flor…Vayamos al verso:
“Por débil y pequeña,oh flor de paraíso,cabías en el vérticedel corazón en fiesta que te quiso.”
Y aparecen los lirios: “Mis lirios van muriendo, y me dan pena…”
Flores que nacen y desaparecen. Vidas que nacen y mueren.
¿Serán en sí y por sí las mismas que amasa el Creador agolpes de memoria con la levadura del olvido?
Y entre tiestos, macetas y jardines aparecen en la poesía de Ramón López Velarde:
“Propietarios de huertos y huertas copiosas,regatean las frutas y las rosas.”
¿Qué inexplicable mundo es este donde el poeta sabe del llanto y la risa de las flores?
Quizá nadie lo sepa, o tal vez, sin saber que lo sabemos, todos estamos conscientes de ello, y a nadie escapa, mientras lee la poesía de Ramón López Velarde, el gozo y el sufrimiento del clavel y la rosa ante la mirada de los naranjos en flor, la música del chorro de la fuente y el sentimiento de los azahares y los nardos, al sentirse acariciados por los ardientes rayos del sol y la fragante suavidad de las zalameras brisas.


Por Juan Cervera Sanchis



EVOCACIÓN DE LÓPEZ VELARDE


I
Donde la calle de tu nombre aflora
cual rosal de Jerez, anclé mi nave
aquella media tarde en forma de ave
y en flor de amarillez cautivadora.

"Aquí nació Ramón..." Tu casa otrora
era mía de súbito, y la llave
de su puerta --¡quién sabe por qué sabe!--
sonaba en mi bolsillo. Era la hora

del sentir y del saber, y yo sabía
y sentía, cosa al cabo muy humana
que tu casa, Ramón, era la mía.

Y entré en mi casa antigua --¡tan lejana!--
al entrar en tu casa, donde olía
a presencia de madre provinciana.




II 
Aquella silenciosa caravana
de hormigas por la cal. Los gorriones
aquellos en la tapia. Los balcones
vigilantes. La tarde jerezana

como un árbol sin fin. La voz arcana
y mágica del pozo. Los rincones,
aún con polvo de cuentos y canciones,
y el sueño de tu infancia en la ventana.

Recorría yo tu casa, recorría
aquel párvulo espacio detenido
en tus primeros pasos todavía.

Y el provinciano tiempo, niñecido
--¡dádiva inesperada!--, me envolvía
de recuerdos robados al olvido.


III
Las tiernas guías de la verde parra
del patio de tu casa, como redes,
entretejían de sombras las paredes.
Gemía oculta en el pozo una guitarra.

Y el pámpano más viejo que allí narra
la historia de tu infancia y tus mercedes
me murmuró: "Recuerda que tú puedes,
hormiga economista, ser cigarra".

Mi ánima infantilmente emocionada
sintió que un don antiguo trascendía
de luz niña la luz de mi mirada.

El misterio otra vez me poseía,
daba a mi corazón su gracia alada
y en vástagos de aurora me envolvía.



Jerez. Imagen extraída de México desconocido
IV
Absorto ante los techos de madera
presagiaba el rumor de la polilla,
los leves pasos, flor de zapatilla,
de unos pies maternales por la estera.

Soñé que retornaba a mi primera
infancia de improviso, y una astilla
de nostalgia cruzó la vieja villa
que guardo en mi memoria aceitunera.

Tu casa olía a pan recién sacado
del horno familiar y, viga a viga, 
me conducía al tiempo enamorado

que en mis noches de frío aún me abriga
cuando en la gran ciudad, abandonado,
me duelo de no hallar la mano amiga.




miércoles, 24 de junio de 2015

Revista * Grupo ATALAYA de poesía Centro cultural Jerezano LA VENENCIA

Impresa en Ávila-Jerez 1963

HOMBRE que busca y sueña y se extravía.
Hombre que nunca queda satisfecho.
Hombre que viene y va, dándole el pecho
al dolor con su poco de alegría.

Hombre de soledad en compañía.
Hombre que intenta ir firme y derecho.
Hombre que va torcido y cae deshecho,
volviendo a levantarse cada día.

Hombre de decepción y de esperanza.
Hombre que cree alcanzar y nunca alcanza
el amor que le arde por la frente.

Hombre en pie, simpre en pie, por el camino.
Hombre que cuando llega a su destino,
deja al fin de ser hombre de repente.

JUAN CERVERA SANCHÍS

Generalísimo, 3
Lora del Río (Sevilla)



CRONICA DE POESÍA ANDALUZA

[...] Cal viva es el título del último libro de Juan, publicado en la Colección Rocamador de Palencia. El poeta de Lora del Río nos conmueve de nuevo con su andalucísimo decir, con la tralla acalorada de su verso crujiente. Poeta de entrañable garra, va --paso a paso-- venciendo dificultades, superando tecnicismos, haciéndose un molde preciso para su voz alucinada. La temática de este poeta autodidacta es bien definida: dolor personal, ensoñación creciente agarrada a la esperanza [...].


Manuel Ríos Ruiz








miércoles, 17 de junio de 2015

Entrevista de Juan Cervera a José Gorostiza

José Gorostiza
Aquí yace José Gorostiza. Y ni una palabra más


El autor de Muerte sin fin, aquella tarde en Coyoacán, ya nos anunciaba su muerte, por más que trataba de disimularlo quemando cigarrillos y hablando de poesía. Recuerdo bien su aspecto de hombre vencido, fisicamente, junto al ciclón de vida que aún era Pancho Lona, el amigo, suyo y mío, que hizo posible aquel encuentro.
  Yo, admirador de su poema genial, estaba emocionado. Eran todavía tiempos, para mí, en que los poetas me emocionaban. Pero Gorostiza, allí, me pareció a años luz de su obra. Uno descubre a veces que la obra y el autor terminan cada quien por su lado. 

  Tenía, empero, grandes deseos de hacerle preguntas al poeta. De escuchar su palabra viva. Gorostiza, quien se negaba a ser entrevistado, tuvo el tacto de verme como a un poeta y no se negó. Pancho Lona, sin duda, fue mi ángel protector. Lo era allí y lo había sido y lo fue hasta su muerte, con generosidad que nunca olvidaré. Lo conocí en casa de León Felipe y cuando declaré que deseaba conocer a José Gorostiza no cesó hasta lograrlo. 

  Ante el poeta, ¿cómo no hablar de Muerte sin fin? Al preguntarle yo que había representado para él el haber escrito su alto poema, tras fumar despacio y mirar como en ausencia, me confesó: "Para mí representó un acto de liberación. Yo creo que el campo de las libertades es la poesía, que es donde uno realmente puede decir lo que le dé la gana. Creo que no hay hombre más libre que el poeta. Yo al escribir Muerte sin fin me sentí más libre. En poesía nunca hay sanciones, ni censuras, ni siquiera para escribir versos malos."

  Pancho y yo sonreímos. El poeta continuó fumando. La libertad fue compartida y la noche, que caía, me pareció distinta. Transcurrieron unos minutos y retomamos la plática. Intenté averiguar cuáles eran los poetas predilectos de Gorostiza. Primero se negó a contestar y luego me fue diciendo:
  -Me gustaba de los clásicos: Luis de Góngora, por la suntuosidad de su expresión. Hay muchos pasajes de Muerte sin fin que son gongorinos. Yo me nutrí siempre en la poesía clásica española. Muchos poetas de mi generación leían poetas franceses, sin embargo yo los leí muy poco. Siempre preferí los clásicos españoles. Felizmente coincidimos en los gustos literarios. Intercambiábamos versos de Luis de Góngora y también de Francisco de Quevedo. Le recordé a Barahona de Soto y él me hizo pensar en Fernando de Herrera y Franciso de Medrano. Pancho Lona puntualizó sobre Lope de Vega. La noche se puso clásica. Las volutas de humo se hicieron círculos de historia. Fue entonces cuando se me ocurrió preguntarle cuál poeta elegiría para representar al poeta.  José Gorostiza, sin asomo de dudas, me declaró terminantemente:
  - A Shakesperae
  Dejamos pasar en silencio varios segundos. Luego le preguntamos por sus tres palabras predilectas. Respondió:
  - Inteligencia. Recuerdo. Armonía.
  Y tras esto pretendimos saber, de no haber sido poeta, que es lo que le hubiera gustado ser. La noche prima se incendió de claridad. José Gorostiza nos confesó:
  - La verdad, de no haber sido poeta yo hubiera deseado ser torero. Es un arte relámpago de una belleza extraordinaria cuando toro y torero se acoplan en perfecta armonía. Y añadió tajante al referirse al arte de torear: "Es un arte sin igual."
  La pausa. Otro cigarrillo. José Gorostiza nos hablaba de sus toreros: Admiré a Juan Belmonte, a Rodolfo Gaona, a Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" y de los nuevos me gusta Manuel Benítez "El Cordobés".
  Y retomamos la senda de la poesía. Buscamos saber de labios de José Gorostiza cuál era, para él, la función de la poesía en este mundo. Nos dijo:
  - Aparentemente de lo que destaca hoy en el mundo, parece que la poesía ha perdido su prestigio y son incluso muy pocos los jóvenes que se entregan a esta  heroica vocación. Ya ni las mujeres vibran con la poesía. En mi época no era así. Pero vayamos a la pregunta: Yo no sé ya qué función es la de la poesía en el mundo, pero siempre ha sido la de embellecerlo y la de poner en claro su misterio, hasta donde es posible... la poesía es punta de lanza. Así creo yo. 

  De inmediato le preguntamos: ¿Cree usted que el poeta tiene un destino especial, distinto al del resto de los mortales? 
  - No, yo creo que no. Hay, sí, algo de destino y puede que de genética. En mi familia siempre hubo miembros con predisposición para las letras. Mi padre era banquero y, sin embargo, sus cartas estaban muy bien escritas. 

  No sabíamos que el padre de Gorostiza hubiera sido banquero. Al saberlo no nos extrañó... un poeta puede surgir de cualquier parte y de cualquier padre, porque al fin de cuentas todo poeta es hijo de sí mismo. Tras pensar esto se me ocurrió preguntarle si existe algún poema no escrito por él, pero sí en su mente que le hubiera agradado escribir. José Gorostiza clavó los ojos en no sé qué distancia y habló:

  - Para después de Muerte sin fin yo quería escribir un poema de amor. Le confieso que para mí no es sino una manera de buscarse a sí mismo. El ser amado no es la otra persona. El ser amado es uno mismo. Creo que a fuerza de buscar uno en una mujer, o muchas mujeres, se halla uno en sí mismo. El amor es un ejercicio de narcisismo. El amor es egoísmo puro. Cuando el hombre y la mujer se buscan sólo están impulsados por el deseo de indagar quiénes son... Ahí está el nudo, pues el amor es la imagen de Dios que sólo es posible verla si llegamos a vernos a nosotros mismos a través de la persona que llamamos amada. A mí me hubiera escuchado escribir ese poema como escribí Muerte sin fin, que me nació un día en que yo, por una circunstancia que no recuerdo, me sentí llamado en mi atención por el proceso de la vida y la muerte y advertí que todo lo que nosotros vemos está naciendo y muriendo al mismo tiempo. Pero yo no vi todo esto desde el otro lado, me asomé a la otra cara de la moneda y nació Muerte sin fin, que hay quien dice que tardé once años en escribir, pero la verdad fue que me costó únicamente un año. 
  Callamos. Supimos que para Gorostiza la poesía "es una función sagrada." Hablando de otros poetas nos recordó a Leopoldo Lugones diciendo en  voz alta un verso suyo: "Llueve en el mar con un murmullo lento." Gorostiza nos platicó de su ave predilecta, el cenzontle; de su pueblo más querido: Taxco; del nombre de mujer que más han acariciado sus labios: Martha; de su color favorito: el azul. 
  La tarde quedaba lejos. La noche se adensaba. Volvimos a entrar en materia. Fue Pancho Lona el que preguntó si la poesía debería servir para algo concreto. Gorostiza nos comentó:
  - No. Aunque hay muchos poetas que usan la poesía para propagar credos políticos, yo creo, hablando lisa y llanamente que la poesía no debe estar al servicio de nada ni de nadie, sino de sí misma. Todo lo que no esté dentro de esta norma de libertad y autenticidad está muy apartado de mi emoción poética. La poesía no debe comprometerse con nada. 
  Le pedimos consejo para un joven poeta. Gorostiza me miró a los ojos y me dijo: "No caigas nunca en una escuela de poesía."
  Pensamos en los talleres. Y de inmediato dejamos de pensar en semejantes trucos. Gorostiza nos habla ahora de El cantar de los cantares, libro, poema que con mucho gusto hubiera querido escribir. Y yendo con Pancho Lona, ¡cómo no íbamos a hablar de nuestro querido León Felipe! 
  - León Felipe era un profeta, algunos de sus libros, dentro de la tradición hebraica, creo que podrían incluirse en la Biblia. Era un poeta excepcional. Yo lo quería y admiraba mucho. 
Hablamos con José Gorostiza de otros poetas y nos atrevimos a preguntarle qué epitafio querría que llevara su tumba. Esto fue lo que dijo: 
  - "Aquí yace José Gorostiza. Y ni una palabra más."
Se hizo el silencio y caminamos hacia la puerta con Pancho Lona, del gran amigo que, ahora lo siento presente, muy presente en mi corazón al igual que a José Gorostiza, con quien comparte el reino de la muerte... al que todos pertenecemos. 
José Gorostiza había nacido en Villahermosa, Tabasco, el 10 de septiembre de 1901. Falleció en la ciudad de México el 16 de marzo de 1973. Su poesía vivirá entre nosotros mientras la lengua castellana.

viernes, 5 de junio de 2015

La poesía

¿Qué es la poesía? Para mí es una luz en el tiempo, una luz salvadora. Si la poesía aparece, si la poesía está, yo estoy y soy y la vida es auténtica. Puedo ver y tocar, oler y gustar y, al mismo tiempo, sobrepasar las barreras de los sentidos y entrar en el reíno de lo metafísico a la vez que me embriago de lo físico esencial. Pero cuando la poesía me abandona, aunque parece que vivo y logro, incluso, refugiarme en el sarcasmo, siento que no estoy ni soy y, la vida, me parece una farsa, un sin sentido, un absurdo y resisto, tan sólo, porque mantengo mi fe en la poesía, en que Ella retornará, como un amante invariable, a devolverme la belleza, y la altura que me permitan integrarme a la verdad del Universo. La poesía es la suprema verdad. Sí, eso es la poesía, y, ay, de aquellos, que pasan por este mundo sin haberla conocido. De ellos se puede decir que nunca vivieron, puesto que vivieron en la mentira y, la mentira, es todo lo contrario de la vida. Sólo se vive en la verdad, es decir: en la poesía, en el momento poético que nos ofrece el milagro de la iluminación cósmica. Es por eso que pido a los Dioses que nunca permitan que la poesía me abandone, y mucho menos en mitad de las miserias de este mundo y este tiempo que me ha tocado habitar y vivir.

Texto extraído de El Caracol Marino, Marzo-Abril 1989, Volumen xi, núm. 132, revista a cargo del también poeta Librado Basilio, grande en su tiempo en la Universidad de Veracruz, Xalapa.      

miércoles, 27 de mayo de 2015

Soleares

Con todo lo que he vivido
ando escribiendo una historia
una historia sin sentido.


.....
Mira si yo tengo suerte
que me tengo que morir
el día que menos lo piense.

.....
Las rosas del cementerio
me dijeron al oído
que estaban vivos los muertos.

.....
Yo nací de una mujer
y en brazos de una mujer
volví de nuevo a nacer.