Poemas y manuscritos de Juan Cervera Sanchís y Jiménez y Rueda. Edición: Abraham Peralta Vélez y Alicia Castillejos.
miércoles, 28 de enero de 2015
sábado, 10 de enero de 2015
ESTO ES RESISTIR
Esto es resistir, resisto
viviendo en la resistencia.
No es muy fácil resistir,
¿mas que otra cosa me queda
sino resistir los golpes
golpeando a lo que venga
frente a esta vida barata,
ridícula y traicionera?
Vedme resistir, resisto.
¿Para qué la resistencia?
Siento yo que resistir
Yo no sé lo que tu sientas.
Esto es resistir te digo
entre estas prisiones ciegas
que no alcanzan a ver bien
tras sus torpes gafas negras.
J.C.
viviendo en la resistencia.
No es muy fácil resistir,
¿mas que otra cosa me queda
sino resistir los golpes
golpeando a lo que venga
frente a esta vida barata,
ridícula y traicionera?
Vedme resistir, resisto.
¿Para qué la resistencia?
Siento yo que resistir
Yo no sé lo que tu sientas.
Esto es resistir te digo
entre estas prisiones ciegas
que no alcanzan a ver bien
tras sus torpes gafas negras.
J.C.
martes, 16 de diciembre de 2014
Tres poemas de Juan Cervera. Revista Libre empresa. COPARMEX.
Los siguientes tres poemas fueron
publicados en la revista Libre Empresa,
COPARMEX, en el 28 aniversario de
Pliegos impresores, S.A de C.V, México,
1999, s/p.
Alicia Nohemí Castillejos
LA VIDA
La vida como es
La vida como es
la vida. Ni más ni menos.
¿Cómo era, ¡Dios!, la vida?
Tengo y no tengo el
recuerdo
de cómo era la vida
de cómo era la vida
en aquellos viejos tiempos.
La vida que fue mi vida
y ahora apenas si es un sueño
de algo que fue y ya no es.
¡Ah, esta vida, siempre yéndose!
¡Ah, esta vida, siempre yéndose!
Yéndose siempre esta vida
que teniendo no tenemos.
La vida tal como es
la vida. Ni más ni menos.
La vida tal como es
la vida. Ni más ni menos.
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| Revista Libre Empresa |
HERIDA
Supo la palabra herida
Supo la palabra herida
al desgarrarse la hoja
que le robaban la vida.
Sintió el golpe de la muerte
en el dolor de la tinta
Sintió el golpe de la muerte
en el dolor de la tinta
y una tras otras gritaron
desbaratadas sus sílabas.
Al desgarrarse la hoja
supo la palabra herida
que sin tinta ni papel
todo se olvidaría.
Al desgarrarse la hoja
donde tuvo voz y vida.
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| Revista Libre Empresa. Poemas Juan Cervera. |
HUYE
Huye de los verbales artificios.
Huye de los verbales artificios.
Guarda
en luz el silencio.
La
nube es nube y la lluvia es lluvia.
El
aire es aire y la rama es rama.
El
nido es un anuncio del futuro.
El
porvenir del huevo está en la yema.
De la
copa del árbol a la raíz del árbol.
la
savia viene y va. También la hormiga.
Nada de lo que vemos con estos limitados
Nada de lo que vemos con estos limitados
ojos de
nuestra cara es realmente real.
La rosa
es rosa y el aroma, aroma.
El
color es color, y todo es sueño.
No tenemos opción. Jamás despertaremos.
No tenemos opción. Jamás despertaremos.
Sólo
nos queda, si nos queda algo,
la
mágica y febril continuidad del sueño.
y este
seguir bordando fantasías
en la
invisible tela del misterio.
Huye
de los verbales artificios.
Guarda
en luz el silencio.
martes, 2 de diciembre de 2014
Desde el café La Habana
Sobre la calle de Bucareli, esquina Morelos, se encuentra aún el Café La Habana. Conocido porque ahí han departido afamados periodistas y escritores; entre ellos, nuestro querido poeta. Y ha dejado testimonio. Desde su llegada a México, Juan Cervera lo frecuentó. Conocidos son sus poemas a la calle de Bucareli, donde vislumbró y entretejió los tiempos y los pasos de la historia mexicana. En dicho café, cuentan, se le veía en la postrimería de los años sesenta, en los años setenta, ochenta y hasta los noventa. Ahí gastó gran parte de las monedas de su vida: los amigos, las tazas de café, y los boletos de la lotería. Ahí se le vio con algunos exiliados españoles, con Don Ermilo Abreu Gómez, con los jóvenes llamados a sí mismos Infrarrealistas... y solo, muy solo, pensativo, soñador.
| Fachada del Café La Habana |
| Interiores del Café La Habana |
Traigo esto a colación por un poema inédito que Juan Cervera escribió "Desde el café la Habana". He aquí su transcripción y unas fotos de su manuscrito. En dicho manuscrito, no viene la fecha de escritura.
DESDE EL CAFÉ LA HABANA
Abro
los ojos
en el café la Habana
de
la ciudad de México,
cuando
la prima noche del sábado se acalla
y
en la televisión no sé qué ocurre
y
el tiempo tiene nombre de riachuelo.
Miro
a los parroquianos.
Siento
que
los conozco a todos de otras vidas.
Las
cucharillas del café, lejanas,
tintinean.
Se oye
un
sonido de platos.
Conversaciones
a media voz.
Por
Bucareli pasa un camión de pasajeros.
Un
taxi con la bandera levantada.
La
música, una música,
me
trasporta a la dimensión desconocida.
Vengo
de un tiempo de oro y miel.
Me
detengo en los tarros del azúcar.
Pienso.
Pienso.
Hados
y dados caen sobre mi mesa,
donde
la sal me dice que ella existe.
El
vendedor de lotería me ofrece un 13 salvador.
Pero
hoy yo estoy en contra del azar.
Cosa
rara sin duda. Muy rara. Yo diría que rarísima.
La
noche avanza sombra a sombra.
Mi
corazón se incendia…
La
muchacha
que
me sirve el café
me
despierta un rumor de adolescencia
en
la memoria viva de la sangre.
Se
desdobla en mis dedos una servilleta
donde
lo blanco habla con lo verde,
donde
lo verde sueña con lo rojo.
Nace
un poema a pesar mío.
Sigue
su curso misterioso.
Se
oye un encendedor, una llamita
flamea
por un instante.
Pienso
en
un bosque del Sur.
Alguien
habla conmigo interiormente.
Entre
paréntesis, mis ojos,
sueñan
botellas y sandías.
En
los espejos se reflejan rostros y letras escarlatas.
Aquel
que fui y que no recuerdo
trata
de recordar y fija el alma,
con
la ayuda secreta de mis ojos,
en
cien faroles amarillos.
Es
una tarde diferente.
Digo
un crepúsculo, una noche.
Descubro
que no es sábado.
Es
un día de fiesta entre semana.
Por
la calle Morelos un vendedor oscuro
de
periódicos pregona una noticia,
que
al parecer a nadie le interesa.
Huele
a café de pronto.
Un fuerte
olor
que
me penetra el corazón.
“Esto
es vivir”, me digo.
Y
en el café la Habana
descubro
que está el centro del universo
esta
noche de ojos invisibles.
Me
ven.
Presiento
que me ven.
Un
hombre lee. Solo.
El
vendedor de lotería
se
empeña en alterar su intenso sino.
Él
no quiere. Gozar parece en su dolor
de
tierra ausente. Calla. Sueña.
La
acción prosigue sin embargo.
Ah
el reloj, ah el reloj.
Las
horas se me han ido
por
Bucareli y por Morelos.
Tú
ya sabes.
Pago
mi capuchino, un café grato y espumoso,
y
camino despacio… hacia Reforma.
Dios
que amanece hacia tus labios.
Y
octubre, noche, luna y cielo claro,
día
de fiesta entre semana,
busca
eternizarse, alta ilusión,
en
el café La Habana
y en tus
brazos
al
tiempo, oh tiempo, tiempo,
que
sabe a luz remota
allá
en la carne donde habito
mientras
me sueño muerto para siempre
bajo
la sombra infín de los almendros.
En
el café La Habana de la ciudad de México
abro
los ojos de repente…
¡Calla!
¡Calla!
Juan
Cervera Sanchís
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| Desde el Café La Habana |
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| Desde el Café La Habana |
martes, 18 de noviembre de 2014
México, epopeya del alba, un poema olvidado
Publicado en la revista ágora mexiquense en mayo de 1999, este ensayo-crónica pertenece a la colección de estudios hechos por Juan Cervera S. y J. y R. con la intención de difundir y ampliar el panorama literario mexicano del viviente siglo xx al indagar sobre numerosos poetas en memoria del olvido; como en este caso, sobre Guillermo López de Lara, autor de México, Epopeya del Alba, e hijo de la "grande e imperial ciudad de México Tenochtitlan", tierra dadora de egregios poetas.
México, epopeya del alba, un poema olvidado
Juan Cervera
La poesía épica es casi inexistente en México. Existen unos escasos fragmentos del poema Nuevo Mundo y Conquista de Francisco de Terrazas y es discutible, por otra parte considerar el poema descriptivo de Bernando de Balbuena, Grandeza Mexicana como propiamente épico.
Nuestros poetas han sido, en su mayoría, líricos e intimistas.
Únicamente conozco un poema épico en el panorama poético mexicano y pertenece a un poeta contemporáneo: Gullermo López de Lara, ausente de todas las antologías de poesía mexicana y también de los diccionarios.
Es casi imposible encontrar datos de este poeta. Existe, eso sí, pero un tanto clandestinamente, su gran poema épico que lleva por título México, epopeya del alba. Este impresionante poema hermoso y bello, con ilustraciones de José Narro, fue editado (primera y única edición hasta ahora) por Editorial Patria, S.A., México D.F., el año de 1969.
En la página 576, leemos en el colofón lo que sigue:
"La impresión de este libro, hecha en la grande e imperial ciudad de México Tenochtitlan, por la Impresora Azteca, S. de R.L., fue terminada el día doce de diciembre del año del nacimiento del Señor MCMLXIX, a los cuatrocientos de haberlo sido los quince primeros cantos de La Araucana, de Alfonso de Ercilla y Zúñiga, estampada en los tórculos de Pierre Cossin, maestro tipógrafo de la imperial y coronada villa de Madrid, cabeza de los reinos de España".
Esta edición del gran poema de Guillermo López de Lara consta de 1,500 ejemplares y desde aquel lejano día en que el poeta español Juan Rejano, a la sazón director de Revista Mexicana de Cultura, del diario El Nacional, lo puso en mis manos (no conocía yo al autor) me impresionó extraordinariamente. Recuerdo que Rejano me dijo:
"--Este libro es una maravilla, pero es difícil encontrar quien lo comente, ¿por qué no lo haces?."
Lo vi y lo reví. Lo fui hojeando. Provocó en mí una enorme admiración inmediata. Desde entonces no he dejado, de vez en vez de pasear mis ojos por esos cantos mexicanos únicos y que siguen inadvertidos en este México, tantas veces tan injusto con algunos de sus mejores hijos. Digamos las cosas por derecho y sin más hipocresía.
La verdad, si nos pusiéramos en lo justo, es que México, Epopeya del alba, debería ser un libro que llevara a estas alturas varias decenas de ediciones y fuera conocido, por lo menos por cuantos mexicanos cultos e interesados en su literatura.
La verdad ya la sabemos. Entre los poetas mexicanos únicamente conozco a uno que ha leído y conoce a fondo este singular poema, que debería ser orgullo de la literatura mexicana, y hablo de Roberto Cabral del Hoyo, pues cuando he preguntado a otros por Guillermo López de Lara y México, epopeya del alba, ha habido algunos que me han dicho: ¿De cuál fumaste hoy?
Ante esto, ¡silencio! Pero no es posible hacer el silencio ante un canto épico tan formidable y que imaginamos locura nuestra, que de repente este poema es descubierto y se imprime simultáneamente en 1992 en México y en España.
Si existiera la justicia poética e histórica, lo que acabamos de imaginar sería ya un hecho.
Nosotros desde aquí lo más que podemos hacer es invitar a las inteligencias y sensibilidades mexicanas y españolas (que aún existen algunas) a que busquen este supercanto épico que honra por igual a las dos naciones y cuantos llevan en sus venas sangre indígena y española.
No queremos dejar de creer en los milagros literarios y es por eso que, sino esta generación, otras por venir han de descubrir México, epopeya del alba y le harán justicia.
Revista ágora mexiquense, mayo de 1999, p.8.
| Revista ágora mexiquense mayo 1999 |
Les comparto, además, el poema introductorio del gran canto de López de Lara y algunas fotos con las ilustraciones de José Narro en la bellísima edición de Editorial Patria, así como la dedicatoria del autor a Juan Cervera.
| Portadilla |
¡Ea, tierra de naves aladas!
I
INVOCACIÓN
Omnipotente Numen soberano,
al épico lumbral, y por la vía
que da temor al pensamiento llano,
mi voz llega desnuda. Sólo fía
en el auxilio de tu Excelsa Mano:
elocuencia Te pide, y armonía,
atuendo policromo, vestiduras
de jubones y tilmas y armaduras...
Pedregal, ni fecundo ni sonoro,
se mude, por divina crisopeya,
en aurígero campo multifloro;
y semilla de sorda melopeya
en ramaje, con címbalos de oro.
¡Haz que vibren; y surja la epopeya
del heroico tañer, Padre benigno,
a la vera y en sombra de tu signo!
Guillermo López de Lara, México, Epopeya del alba, p.39.
| Página 39 de México, Epopeya del alba |
| Dedicatoria de Guillermo López de Lara a Don Juan Cervera |
| Ilustración de José Narro |
| Ilustración de José Narro al Canto Primero |
sábado, 15 de noviembre de 2014
Lora del Río -canción-
Letra y música de Juan Cervera Sanchís
Lora del río
-canción-
Pueblo blanco, azul y verde,
de cal de cielo y de trigo,
con repique de campanas
y piar de gorrioncillos.
Pueblo vestido de sol
y adornado de infinito;
pueblo donde yo soñé
con la luz del paraíso.
(Ay, Lora, Lora del Río,
pueblo donde yo nací,
pueblo mío y nunca mío,
juntito al Guadalquivir,
juntito al Guadalquivir,
el más bello de los ríos.)
Pueblo donde tengo madre
y mis recuerdos de niño:
pueblo donde todavía
tengo preciosos amigos.
Déjame cantarte, Lora.
-¡Ay, Lora, Lora del Río!-,
déjame que yo te cante
mientras tú cantas conmigo.
México D.F. 26 octubre 1997
Juan Cervera Sanchís
| Música del poema Lora del Río |
| Letra: Lora del Río de Juan Cervera Sanchís |
Lora del río
-canción-
Pueblo blanco, azul y verde,
de cal de cielo y de trigo,
con repique de campanas
y piar de gorrioncillos.
Pueblo vestido de sol
y adornado de infinito;
pueblo donde yo soñé
con la luz del paraíso.
(Ay, Lora, Lora del Río,
pueblo donde yo nací,
pueblo mío y nunca mío,
juntito al Guadalquivir,
juntito al Guadalquivir,
el más bello de los ríos.)
Pueblo donde tengo madre
y mis recuerdos de niño:
pueblo donde todavía
tengo preciosos amigos.
Déjame cantarte, Lora.
-¡Ay, Lora, Lora del Río!-,
déjame que yo te cante
mientras tú cantas conmigo.
México D.F. 26 octubre 1997
Juan Cervera Sanchís
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Testimonio inédito de León Felipe sobre Juan Cervera Sanchís
Recién llegado a México, se sabe que el 27
de abril de 1968 León Felipe escribe una nota en el periódico El día sobre el "angelote" Juan
Cervera Sanchís y su canto rebelde. Ahí repara: "oídle con cuidado que no
es un jilguero cualquiera".
Asimismo, en las siguientes fotografías, se observa
un par de manuscritos mecanografiados por Juan. Fechados también en 1968, forman
parte de los apuntes hechos sobre sus pláticas con León Felipe. En uno, se
logra apreciar la fecha, en el otro, una curiosa opinión de aquél sobre Juan Cervera, mientras platicaban sobre otros poetas del momento.
| Fecha: 1968 |
Apreciamos aquí dos aspectos: Para Juan Cervera, el nombre y los apellidos, las raíces familiares, han sido una constante preocupación. Ahí se reconoce, identifica y crece. Sin embargo, no siempre optó por ampliar sus apellidos.
Al llegar a México, León Felipe influyó en él durante un tiempo. Y le recomendó quitarse el "Sanchís" al publicar. En varios de sus primeros títulos impresos en México vemos la firma: "Juan Cervera". Sin el "Sanchís", como le fue aconsejado.
Con el tiempo, apreciamos otro cambio. El lacónico "Juan Cervera" vuelve a sus dos apellidos "Cervera Sanchís". Y al pasar más tiempo aumenta: de "Cervera Sanchís" se corrige por "C.S. y Jiménez y Rueda". Tal como pide lo
nombren hoy.
Sobrepasa, pues, el consejo del maestro a la afirmación de sí mismo. Amplía la memoria de sus antepasados. Reconoce que a todos nos determina, individualiza y trasciende nuestra ascendencia.
Por otro lado, escogí esta nota para comenzar con el blog, porque quisiera afirmar con León
Felipe su prédica: Juan Cervera llegó a México como el vencedor "Veni,
vidi, vici".
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